¡Tragedia en el corazón de Haití! Este martes, un funcionario de la ONU confirmó que al menos 70 personas perdieron la vida en ataques «brutales y coordinados» durante el fin de semana en una localidad del centro del país, al noroeste de Puerto Príncipe. Carlos Ruiz Massieu, jefe de la oficina de la ONU en Haití, denunció en X esta «violencia ciega» como un grito desesperado por más apoyo contra las pandillas y sus redes de respaldo.
Inicialmente, la policía haitiana reportó 16 fallecidos el lunes, pero la cifra se disparó tras nuevos reportes y otro ataque al amanecer del domingo. Bertide Horace, portavoz de la Comisión para el Diálogo, la Reconciliación y la Sensibilización para Salvar Artibonite, señaló a la banda «Gran Grif» como la responsable de esta masacre en el departamento de Artibonite. Es como si estas pandillas jugaran a ser los villanos de una película de terror, pero sin cortes ni final feliz.
Un informe reciente del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos pinta un panorama aún más oscuro: entre marzo de 2025 y mediados de enero, la violencia de pandillas y los contraataques han dejado más de 5,500 muertos. Haití parece atrapado en un videojuego de supervivencia donde los civiles siempre pierden la partida.
La situación es un SOS en mayúsculas. Mientras las pandillas actúan como si fueran dueñas del mapa, la comunidad internacional sigue debatiendo quién lanza el salvavidas. ¿Será este el empujón para que alguien actúe o seguiremos viendo a Haití como un reality de caos interminable? El reloj sigue corriendo, y las vidas también.


