El grupo islamista Hezbolá, respaldado por Irán, aseguró este jueves que disparó una ráfaga de misiles avanzados contra una base de inteligencia militar israelí en las afueras de Tel Aviv. Es su respuesta a los bombardeos de Israel en el sur de Líbano, y la cosa se pone más caliente que un horno.
En un comunicado, Hezbolá detalló que sus combatientes atacaron la base Glilot, cuartel de la Unidad 8200 de Inteligencia Militar, ubicada en un suburbio de Tel Aviv. No es un ataque cualquiera: lo describen como una represalia directa por las acciones israelíes en su territorio. Pero no están solos en esta jugada; la Guardia Revolucionaria iraní afirmó haber participado en un ataque conjunto con Hezbolá contra objetivos en Israel, dejando claro que este no es un juego de niños, sino una alianza con dientes afilados.
Este intercambio de fuego es el último capítulo en una saga de tensiones que parece no tener fin. Hezbolá, con su arsenal y su conexión con Irán, sube la apuesta al apuntar a un objetivo tan estratégico cerca de una ciudad clave como Tel Aviv. Mientras Israel continúa sus operaciones en Líbano, la región se tambalea al borde de un conflicto aún más amplio, con potencias externas metiendo la cuchara en el guiso.
¿Será este ataque el detonante de una escalada mayor o solo otro round en este interminable combate? La situación está más tensa que un cable de alta tensión en una tormenta. Solo queda esperar el contraataque, porque aquí nadie parece dispuesto a bajar el puño.


