¡Argh, capitán Trump! Human Rights Watch (HRW) ha sacado el cañón este martes, exigiendo a los aliados de EE. UU. que condenen los ataques de Washington contra supuestos barcos narcotraficantes en el Caribe y el Pacífico. Según la oenegé, estos bombardeos son más ilegales que un puesto de tacos sin licencia.
Desde septiembre, la campaña antidrogas de Trump ha dejado más de 80 muertos, pero las autoridades no han mostrado ni una foto borrosa de droga en esos barcos. HRW califica los ataques de “ejecuciones extrajudiciales ilegales” y advierte a países como Canadá, Reino Unido, Francia y Países Bajos que podrían ser cómplices si siguen compartiendo inteligencia con Washington. “El orden internacional no es un juego de piratas”, disparó Sarah Yager, directora de HRW, como si estuviera regañando a un niño con un parche en el ojo.
La polémica se calienta con un segundo ataque ordenado por un almirante bajo el mando del secretario de Defensa, Pete Hegseth, que remató a dos sobrevivientes de un primer misil. ¿Justicia? Más bien parece un guion de película de bajo presupuesto. HRW insiste en que Francia, Reino Unido y los Países Bajos, con influencia en el Caribe, deben revisar su cooperación marítima con EE. UU. y dejar de jugar a los corsarios.
“Los acusados merecen juicios, no misiles express”, remata HRW, mientras el Congreso estadounidense se divide y los funcionarios sudan la gota gorda. ¿Cambiará Trump de rumbo o seguirá navegando como un bucanero sin ley? Esto tiene más drama que un reality de naufragios. ¡Ajusten las velas y esperen la próxima explosión!


