
Imagina al ICE, esa agencia de inmigración estadounidense, publicando un anuncio como si fuera un casting para un reality show de logística extrema: buscan contratistas que ofrezcan transporte 24/7 para llevar migrantes indocumentados de cárceles texanas a sus instalaciones, acelerando deportaciones y liberando agentes para, digamos, tareas menos «taxistas». Publicada esta semana, la solicitud pide propuestas para un servicio que suene a delivery express, todo en el contexto de un boom presupuestario bajo Trump. Es como si el gobierno dijera «necesitamos un chófer nuclear para agilizar el tráfico humano», con un giro burocrático que haría reír a cualquier comediante de stand-up.
Según el documento del martes en un sitio de contratación pública, el contratista debe instalar un centro de transporte cerca de cada una de las 254 cárceles de condado en Texas, con personal listo para recoger a los detenidos en solo 30 minutos, como un servicio de rideshare pero con esposas opcionales. Actualmente, los agentes del ICE manejan estos traslados, pero subcontratarlos liberaría manos para otras misiones. Esto forma parte de un masivo aumento en el gasto de inmigración: un paquete respaldado por republicanos y firmado por Trump en julio asigna 170,000 millones de dólares para control migratorio en poco más de cuatro años, una suma récord que podría transformar operaciones como un makeover extremo. Texas, con casi 2 millones de inmigrantes sin estatus legal en 2023 según el Instituto de Política Migratoria, solo superado por California, se convierte en el epicentro de esta iniciativa, donde la frontera sur se siente más como una autopista congestionada que un muro simbólico.
El Departamento de Seguridad Nacional y el ICE no comentaron, dejando que la imaginación vuele sobre cómo estos «taxis» operarán en un estado más grande que muchos países, priorizando eficiencia sobre comodidad. Es un plan que mezcla pragmatismo con política, como ordenar pizza durante un debate presidencial.
Al final, esta movida del ICE parece un intento pícaro de modernizar la deportación, convirtiendo cárceles en paradas de bus y migrantes en paquetes express, todo financiado por un presupuesto que haría sonrojar a un magnate. ¿Logrará Trump su meta de deportaciones récord sin atascos? Solo el tiempo, y quizás un app de tracking, lo dirá, recordándonos que en la inmigración, la velocidad a veces eclipsa la empatía.

