¡Jueves de fuego y aire tóxico! El 8 de enero, un incendio feroz estalló en Tepexpan, Ecatepec, cerca de la carretera Lechería-Texcoco, en el Estado de México. A las 15:00 horas, una columna de humo se alzó como un mal augurio, visible a kilómetros. Vecinos alertaron que una bodega de pacas de pastura, llena de alfalfa, ardía como fogata de campamento, pero los cuerpos de emergencia tardaron 50 minutos en llegar, más lentos que un tráiler en subida.
Bomberos de Ecatepec, Protección Civil, Guardia Nacional y Policía Estatal finalmente aparecieron para domar las llamas. Por suerte, no había nadie dentro de la bodega, así que no hubo heridos, aunque el fuego se intensificó por la estructura del lugar, obligando a los bomberos a rodearla como estrategas de videojuego buscando la entrada correcta. Mientras tanto, en la Ciudad de México, otro incendio prendió en un lote en el cruce de Eje 1 Norte y Distribuidor Vial Heberto Castillo. Los Bomberos capitalinos acudieron al rescate, sin reportar heridos, aunque personas en situación de calle, que usaban el lugar como refugio, quedaron vulnerables ante el siniestro.
Para rematar, la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe) activó la Fase 1 de Contingencia Ambiental por Ozono en la Zona Metropolitana del Valle de México, tras registrar 160 partes por mil millones en Cuajimalpa a las 16:00 horas. La recomendación es clara: nada de actividades al aire libre de 13:00 a 19:00, sobre todo para niños, adultos mayores, embarazadas y quienes tengan males respiratorios o cardíacos. Entre humo de incendios y ozono, el Valle de México parece más un set de película apocalíptica que una metrópoli. ¿Sobreviviremos este combo de fuego y aire pesado?


