Irán ha subido el volumen de sus amenazas, enviando una carta al secretario general de la ONU, António Guterres, advirtiendo que cualquier “agresión militar” contra ellos desatará una respuesta “decisiva y proporcional”. Traducción: si EE. UU. se pasa de listo, sus bases en Medio Oriente serán el blanco de un juego de dardos muy caro.
El embajador iraní, en plan guionista de película de acción, escribió que bajo el artículo 51 de la Carta de la ONU, consideran “legítimos” todos los objetivos estadounidenses en la región, desde bases hasta el carrito de helados más cercano. Mientras, el líder supremo de Irán soltó en un discurso que el portaviones gringo en la zona podría terminar como un arrecife artificial. ¿Bluff o promesa? Las tensiones están más calientes que un asado en verano. Los Guardianes de la Revolución, no contentos con solo hablar, están haciendo ejercicios militares en el estrecho de Ormuz, un lugar tan clave para el petróleo que cualquier estornudo allí hace temblar los mercados.
Por otro lado, las charlas en Suiza entre ambos países, que terminaron el martes, parecen haber sido tan útiles como un paraguas en un huracán. Donald Trump, desde Washington, dio un ultimátum de “diez a 15 días” para ver si un acuerdo con Teherán es posible, o si toca sacar el martillo de guerra. Sin un pacto “pertinente”, advirtió que “ocurrirán cosas malas”. ¿Qué cosas? No lo dijo, pero suena más ominoso que un spoiler de tu serie favorita.
Esto pinta como un duelo de vaqueros en el desierto, solo que con misiles en lugar de pistolas. ¿Habrá acuerdo o explosión? Mejor agarren las palomitas, porque este drama no tiene pinta de resolverse pronto.


