¡Alerta en alta mar! Un pez gordo de la Guardia Revolucionaria Iraní soltó la bomba el lunes: el estrecho de Ormuz está más cerrado que un bar en lunes por la mañana. Según Ebrahim Jabari, asesor del comandante en jefe, cualquier barco que se atreva a cruzar será recibido con un espectáculo de fuegos artificiales cortesía de la marina iraní. Sí, planean “incendiar” a quien se pase de listo.
Este estrecho, una arteria vital que conecta a productores como Arabia Saudita, Irán, Irak y los Emiratos Árabes Unidos con el golfo de Omán, mueve el 20% del petróleo mundial diario. Cerrarlo es como cortarle el café a un oficinista adicto: el caos está garantizado. Los precios del crudo ya tiemblan más que un chihuahua en invierno, y esto viene tras ataques de EE. UU. e Israel contra Irán el 28 de febrero, además de la oferta de Trump de “ayudar” a derrocar a los clérigos. Irán respondió con misiles a vecinos como Qatar, Kuwait, Baréin, Emiratos, Arabia Saudita y Omán. ¡Un vecindario más caliente que un drama de telenovela!
El cierre es la venganza de Teherán por los ataques, y se suma al desmadre marítimo causado por los hutíes de Yemen, aliados de Irán, que han estado jugando a los piratas con drones y misiles en el mar Rojo y el golfo de Adén desde la guerra de Gaza en 2023. Con Ormuz bloqueado, el suministro global de petróleo pende de un hilo más fino que el presupuesto de una película de serie B. ¿Subirán los precios o arderá todo? Esto está más tenso que un mal chiste en una cena familiar.


