En un giro que parece un episodio de “House of Cards” pero con más turbantes, Irán respondió a una propuesta estadounidense de 15 puntos para terminar la guerra, entregada a través de Pakistán, el mediador oficial. Según una fuente de la agencia Tasnim, la respuesta iraní salió el miércoles por la noche y ahora esperan que Estados Unidos mueva ficha. ¿El contenido de la propuesta yanqui? Secreto mejor guardado que la receta de la Coca-Cola.
Irán no se quedó atrás y lanzó su propia contrapropuesta de cinco puntos, como si estuviera negociando en un bazar. ¿Qué piden? El fin de la “agresión”, un mecanismo para que ni Israel ni EE. UU. reinicien el pleito, una compensación financiera (porque la paz no es gratis), el cese de hostilidades en todos los frentes —incluyendo que Israel deje de pelear con Hezbolá en Líbano y, tal vez, con Hamás en Gaza— y, por si fuera poco, el reconocimiento de su soberanía sobre el estrecho de Ormuz. Vamos, como pedir la luna y un cheque en blanco.
Esto suena menos a diplomacia y más a un regateo en un mercado persa, con Pakistán de árbitro tratando de no perder el hilo. ¿Aceptará Estados Unidos este trueque o contraatacará con su propio listado de demandas imposibles? Mientras tanto, el resto del mundo observa esta partida como quien ve un reality show, esperando el próximo drama.
Si la paz fuera un negocio, Irán acaba de subir el precio. Que alguien prepare palomitas, porque este culebrón diplomático promete más giros que un carrusel enloquecido.


