En un giro que parece sacado de un videojuego de estrategia, la Armada de los Guardianes de la Revolución iraníes soltó una advertencia este jueves: los buques que cruzan el estrecho de Ormuz deben desviarse a dos rutas alternativas pegaditas a la costa. ¿La razón? Posibles «minas» acechando en la vía principal. Sí, como si el mar se hubiera convertido en un campo de búsqueda del tesoro, pero con explosivos en lugar de monedas de oro.
Según la agencia de noticias Mehr, que citó un comunicado militar con todo y mapita ilustrado, esta medida es para «proteger» a los barcos de colisiones con minas fantasmas. Hasta nuevo aviso, los capitanes tendrán que jugar al GPS extremo y navegar más cerca de la orilla, probablemente rezando por no encallar mientras esquivan amenazas invisibles. Es como si Irán hubiera dicho: «Confíen en nosotros, sabemos de minas… o tal vez no».
El estrecho de Ormuz, que ya de por sí es un punto caliente geopolítico, ahora se siente como un reality de supervivencia marítima. ¿Minas reales o un truco para poner nerviosos a todos? Los Guardianes de la Revolución no sueltan prenda, pero el mensaje es claro: navegar aquí es ahora un deporte extremo. Los buques internacionales, mientras tanto, deben decidir si creen en el cuento de las minas o si esto es solo una forma de decir «jueguen por nuestras reglas».
Así que, capitanes del mundo, ajusten sus brújulas y preparen sus nervios de acero. Ormuz no solo es un paso clave para el petróleo, sino ahora también un tablero de ajedrez con trampas invisibles. ¿Quién dijo que navegar era relajante?


