¡El Oriente Medio está más caliente que un microondas olvidado! Este miércoles, Irán disparó contra Israel y objetivos en la región, alcanzando tres barcos en el Golfo Pérsico. A pesar de los bombardeos más intensos de EE. UU. e Israel, Teherán sigue pateando el tablero, bloqueando el estrecho de Ormuz, donde una quinta parte del petróleo mundial está atrapada como en un embotellamiento infernal. Es la peor crisis energética desde los setenta, y los precios del crudo, aunque bajaron de 120 a menos de 90 dólares por barril, aún tienen a todos sudando.
Los ataques iraníes tocaron una base estadounidense en Irak, el cuartel naval en Baréin y Be’er Ya’akov en Israel. En Dubái, cuatro personas resultaron heridas por drones cerca del aeropuerto más transitado del mundo. En Teherán, la “lluvia negra” de humo de petróleo ahuyenta a cientos de miles al campo. Además, tres buques mercantes más fueron golpeados, incluyendo el granelero tailandés Mayuree Naree, donde un incendio forzó evacuaciones, y otros dos con bandera japonesa y de Islas Marshall, todos con daños pero tripulaciones a salvo.
Irán también amenaza bancos estadounidenses e israelíes tras un ataque a una de sus oficinas financieras. Mientras, rumores dicen que el nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, está herido tras perder familia en bombardeos. El Pentágono presume haber mermado los misiles y drones iraníes, y Trump jura golpear “veinte veces más fuerte” si Ormuz no se libera.
Esto no es un videojuego, aunque lo parece. Con 1,300 civiles iraníes muertos desde el 28 de febrero, y bajas en Israel y Líbano, la región arde. ¿Solución? Nadie la tiene, pero mejor guarda gasolina, porque esto pinta para rato.


