En Irán, las calles arden con protestas, pero las versiones del drama son más opuestas que un divorcio en reality show. El régimen grita “¡Complot extranjero!”, acusando a Estados Unidos e Israel de orquestar el caos. La oposición replica: “¡Es el pueblo, estúpidos!”, clamando por un divorcio total del sistema político.
Mientras el gobierno pinta a los manifestantes como marionetas de la CIA, con el ayatolá Alí Jamenei jurando que frustraron los “planes enemigos” con marchas pro-régimen, la narrativa oficial se vende como pan caliente en redes sociales. Cuentas afines difunden teorías de “manual de cambio de régimen”, sazonadas con datos selectivos y cortes de internet para que no googles la verdad. Es como si te bloquearan Netflix justo en el clímax de la serie.
Por otro lado, la oposición, con grupos como el MEK y monárquicos exiliados, enmarca esto como una emergencia moral que pide a gritos intervención extranjera. Inflan cifras de víctimas más que un influencer sus seguidores, buscando conmocionar al mundo y justificar una escalada violenta. Con más de 114 muertos en las fuerzas estatales al 11 de enero, algunos opositores incluso amenazan a comentaristas del régimen con “te pillaremos después”. ¿Protesta o venganza? El guion se pone turbio.
Ambas partes convierten las redes en un campo de batalla de hashtags y memes manipulados, donde la percepción vale más que un misil. El régimen quiere miedo y conformidad; la oposición, caos y apoyo global. Mientras, los manifestantes quedan atrapados en un guion donde son peones de narrativas más grandes. Al final, ¿quién gana? Spoiler: el algoritmo que decide qué historia se hace viral.


