¡Drama en Oriente Medio! El presidente iraní Masud Pezeshkian afirmó este martes que tiene la «voluntad necesaria» para terminar la guerra con EE. UU. e Israel, pero exige garantías de que no le volverán a llover misiles como confeti. Su declaración llega tras una noche de bombardeos intensos en Teherán e Isfahán, donde las defensas aéreas trabajaron más que un barista en hora pico.
La guerra, que estalló el 28 de febrero con ataques aéreos de EE. UU. e Israel, ha dejado miles de muertos y la economía mundial tambaleando. Mientras, los Guardianes de la Revolución iraníes amenazan con hacer pedazos empresas tech como Google, Meta y Apple en la región si más líderes iraníes caen. Pezeshkian, en una llamada con Antonio Costa del Consejo Europeo, insistió en condiciones para evitar otra ronda de este videojuego bélico. Pero Donald Trump no se queda callado: quiere el Estrecho de Ormuz desbloqueado ya o atacará instalaciones energéticas iraníes más rápido que un tuit viral.
En Teherán, la vida es un reality de supervivencia. Shahrzad, una ama de casa de 39 años, confesó a AFP que apenas sale y llora extrañando tiempos normales. Irán sigue contraatacando, con misiles sobre Jerusalén y explosiones en Dubái. Un petrolero kuwaití ardió tras un «ataque malicioso» iraní, y en Riad dos personas resultaron heridas por un dron interceptado.
El conflicto arrastra a Líbano, con Hezbolá atacando a Israel, cuyo ministro de Defensa, Israel Katz, planea ocupar el sur libanés. La ONU convoca una reunión de emergencia por la muerte de tres cascos azules en Líbano, uno por fuego israelí. ¿Diplomacia o más caos? Esto está más enredado que un cable de auriculares.


