¡Explosiones en Teherán! Este lunes, el Ejército israelí desató una tormenta de ataques contra la capital iraní, apuntando a cuarteles del Ministerio de Inteligencia y un centro de comando de la Fuerza Quds, la élite de la Guardia Revolucionaria. Según las Fuerzas de Defensa de Israel, están desmantelando las guaridas del “régimen terrorista” que reprime protestas con mano de hierro, como si fueran villanos de película de acción.
En un comunicado que parece guion de Hollywood, Israel detalló que golpearon más de diez sedes del Ministerio de Inteligencia y un punto clave de la Fuerza Quds donde supuestamente había soldados reunidos. Pero eso no es todo: la Fuerza Aérea israelí también lanzó tres oleadas extras en el oeste de Irán, destruyendo lanzamisiles, fábricas de armas y sistemas de defensa de la Guardia Revolucionaria. Prometen seguir “dañando” al régimen donde sea que opere, con la misión de eliminar amenazas y proteger a sus ciudadanos, aunque suene más épico que práctico.
El saldo de esta ofensiva, junto con ataques de EE. UU., es devastador: la Media Luna Roja confirma más de 550 muertos en Irán, incluyendo al líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, y varios ministros y altos mandos militares. Irán no se quedó de brazos cruzados y respondió con misiles y drones contra Israel y bases estadounidenses en Oriente Próximo. Esto no es un juego de ajedrez, es una partida de Risk con esteroides.
La región arde más que un mal chiste en una reunión seria. ¿Habrá tregua o esto escalará hasta parecer el guion de una distopía? Solo el tiempo lo dirá, pero el panorama está más tenso que un cable de acero.


