Israel no está jugando a las escondidas en Líbano. Este martes, su ejército bombardeó los suburbios del sur de Beirut con ataques aéreos, mientras sus tropas avanzaban como tanques en un videojuego hacia el sur del país. Un enviado israelí, Joshua Zarka, soltó la clave para parar esta locura: desarmar a Hezbolá, el grupo militante respaldado por Irán. ¿Fácil? Más bien como quitarle el dulce a un niño armado.
El Líbano entró al caos la semana pasada cuando Hezbolá atacó a Israel para vengar el asesinato del líder supremo iraní. Desde entonces, Israel ha devuelto el golpe con ataques aéreos en el sur, este y suburbios de Beirut, dejando casi 570 muertos, según el gobierno libanés. El martes, columnas de humo denso cubrieron Beirut tras los bombardeos, mientras un portavoz militar israelí ordenó evacuar tres distritos dos horas antes. Familias huyeron despavoridas, sumándose a las más de 759,000 personas desplazadas, según autoridades. La ministra Haneen Sayed advirtió que el número de desplazados podría superar el millón de 2006, cuando la última guerra con Hezbolá dejó a todos corriendo. ¿Recursos? Escasos, con el Golfo bajo presión y la UE enviando apenas 45 toneladas de ayuda al aeropuerto de Beirut.
Las tropas israelíes también avanzaron con blindados en el sureste del Líbano, mientras el presidente Joseph Aoun ofreció negociar. Pero Zarka dijo que palabras no bastan: quiere a Hezbolá sin juguetes bélicos, aunque el grupo se niega a soltarlos y el gobierno libanés teme una guerra civil si los forza.
Esto es más enredado que un culebrón. ¿Desarmarán a Hezbolá o seguiremos viendo este juego de “quién pega más fuerte”? Líbano, mientras tanto, solo pide un respiro.


