Japón acaba de subir la temperatura en el vecindario asiático al anunciar que desplegará misiles tierra-aire en Yonaguni, una isla a solo 110 km de Taiwán, para marzo de 2031. El ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi, confirmó que el plan, revelado en 2022, se concretará en el año fiscal 2030. Es la primera vez que dan una fecha, y el mensaje es claro: “Estamos reforzando el patio trasero”.
Yonaguni, a 1,900 km de Tokio, ya tiene una base militar nipona, pero ahora será un punto caliente con defensas aéreas. Esto llega tras meses de roces con China, que no se quedó callada. Pekín anunció restricciones de exportación a 20 empresas japonesas, como Mitsubishi Heavy Industries, acusándolas de alimentar la capacidad militar de Japón. El Ministerio de Comercio chino dice que busca frenar la “remilitarización” y supuestas ambiciones nucleares niponas, aunque permite excepciones bajo “circunstancias especiales”. Además, otras 20 compañías, como Subaru Corp, entraron a una lista de vigilancia por no poder verificar el uso final de productos de doble uso.
La cosa se pone más picante con declaraciones de ambos lados. La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, dijo en noviembre que Tokio podría intervenir si Taiwán es atacado, algo que China considera su territorio y no descarta tomar por la fuerza. El canciller chino, Wang Yi, acusó a Japón de “reavivar el militarismo” en Múnich este mes.
Esto parece un juego de ajedrez con misiles y sanciones. ¿Quién hará jaque mate primero? Mientras tanto, Yonaguni se prepara para ser más que un destino turístico. Esto está más cargado que un ramen con extra de chili.


