Jorge Ortiz de Pinedo, el maestro de la comedia mexicana, soltó un drama digno de telenovela al denunciar el abandono de la Casa del Actor por parte de la Asociación Nacional de Actores (ANDA). Este asilo, refugio de artistas retirados, lleva seis años en el limbo, y Ortiz no se guardó nada.
Según el actor y productor, la ANDA solo aparece cuando los residentes, unos cuarenta abuelitos del espectáculo, necesitan traslado al hospital o, peor aún, un servicio funerario. ¿Y el día a día? Ni un mendrugo. Ortiz de Pinedo lamentó que no haya apoyo para comida, ropa ni condiciones dignas, como si los fundadores de la Casa del Actor, creada hace más de ochenta años, hubieran tirado la toalla. “Estar en un asilo implica responsabilidad, no es un decorado de teatro”, disparó con indignación.
Pero el guion se pone más turbio. Ortiz señaló que hay más de treinta millones de pesos pendientes de entrega por parte de la ANDA, y nadie sabe dónde están. “Pregúntenle al señor Ochoa”, lanzó, sugiriendo que una auditoría no estaría de más para destapar quién se quedó con el cambio. También aprovechó para pedir a los futuros dirigentes de la asociación que pongan orden, exigiendo transparencia, contratos justos y previsión social. “A los viejitos no les pagan jubilación”, remató, dejando claro que esto no es un chiste.
Así que, mientras la Casa del Actor se cae a pedazos, Ortiz de Pinedo sube el telón de la indignación. ¿Reaccionará la ANDA o seguirán actuando como si nada? Este culebrón apenas empieza, y el público exige respuestas.


