¡Sorpresa en la corte! Una jueza estadounidense, Ana Reyes, le dio un revés a la administración Trump al bloquear su decisión de terminar el estatus de protección (TPS) para 350,000 haitianos. Este programa, que vence hoy, les permite vivir y trabajar legalmente en EE. UU. sin temor a ser deportados a un país considerado más peligroso que un reality show sin guion.
En un fallo de 83 páginas que parece más un guion de drama judicial, Reyes acusó a la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, de actuar con una decisión “arbitraria y caprichosa”. La jueza no se mordió la lengua al sugerir que Noem podría tener una alergia especial a los inmigrantes no blancos. “Puede llamarlos asesinos o parásitos si quiere, gracias a la Primera Enmienda”, escribió Reyes con un sarcasmo que corta como cuchillo de mantequilla, “pero debe respetar la ley aunque le duela más que una depilación express”.
El TPS, nacido en 1990, es como un Airbnb para inmigrantes de países en crisis, ya sea por terremotos como el de Haití en 2010 o conflictos que hacen que tu vecindario parezca un paraíso. Trump intentó desmantelar estos programas para Haití, Venezuela y Nicaragua, argumentando que son imanes para la inmigración irregular y que los demócratas los han estirado más que un chicle en verano. Las autoridades insisten en que se abusa de ellos, pero por ahora, los haitianos respiran aliviado.
Así que, mientras Noem afila sus garras legales para el próximo round, los migrantes haitianos celebran este respiro. ¿Será este fallo un golazo de última hora o solo un tiempo extra antes del pitazo final? Esto está más enredado que un cable de audífonos en el bolsillo.


