El gobierno talibán de Afganistán afirmó este 1 de marzo que repelió un ataque aéreo pakistaní contra Kabul, en un nuevo capítulo de la bronca vecinal que parece sacada de un culebrón violento. Tras meses de rifirrafes fronterizos, el jueves todo estalló: Afganistán lanzó una ofensiva en la frontera, y Pakistán respondió declarando “guerra abierta”, acusando a los talibanes de cobijar milicianos que atacan su territorio. Kabul, por supuesto, lo niega con cara de póker.
Un portavoz del Ministerio de Defensa afgano presumió que sus defensas aéreas atacaron aeronaves pakistaníes en Kabul, causando “importantes daños”, incluso en Rawalpindi, Pakistán. Islamabad, sin embargo, no abrió la boca al respecto. En un tuit beligerante, los talibanes advirtieron que cualquier violación de su espacio aéreo o agresión tendrá una respuesta “rápida, decisiva y proporcionada”, como si fueran guionistas de una película de acción.
Pakistán, por su parte, no se quedó callado. Su ministro de Información, Attaullah Tarar, afirmó que han bombardeado 46 posiciones en Afganistán desde el inicio de la operación, matando a 415 soldados afganos, aunque reconocen solo 12 bajas propias. Kabul contraataca con sus cifras: dicen haber liquidado a 80 soldados pakistaníes y capturado 27 puestos militares, mientras reportan solo 13 bajas. La violencia de esta semana es la peor desde octubre, cuando 70 personas murieron en total.
Esto no es un simple pleito de vecinos, es un duelo a todo o nada. Mientras ambos lados inflan sus números como en un concurso de egos, la frontera sigue siendo un polvorín. ¿Quién disparará el próximo misilazo en este juego de machos alfa?


