José Antonio Kast juró como presidente de Chile este miércoles, marcando el giro más derechista desde el retorno a la democracia. En La Moneda, ante una multitud, prometió un “gobierno de emergencia” para rescatar al país del crimen, el narcotráfico y unas finanzas que parecen estar en terapia intensiva.
En su primer discurso, Kast no se guardó nada: describió un Chile en “peores condiciones de las que podíamos imaginar”, con finanzas públicas debilitadas y el crimen organizado avanzando como en una película de gánsteres. “Vamos a recuperar nuestras calles, nuestras instituciones”, tronó, mientras anunciaba una auditoría total del gobierno y medidas contra la corrupción. Antes, firmó decretos para reforzar la seguridad en la frontera norte, frenar la migración ilegal, controlar gastos públicos y desbloquear proyectos de inversión por 16,000 millones de dólares que estaban empantanados.
El nuevo mandatario, que se impuso en el balotaje de diciembre frente a Jeannette Jara, también planea desregulación y recortes al gasto público, algo que los mercados aplauden, aunque la turbulencia global por el conflicto en Oriente Medio podría aguar la fiesta. Su gobierno presentará en abril una reforma tributaria para bajar el impuesto a empresas del 27% al 23% en cuatro años y ofrecer créditos fiscales que impulsen el empleo. Mientras, Chile se alinea con un bloque regional pro-EE. UU., aunque debe jugar con cuidado: China, su mayor socio comercial, sigue siendo el destino principal del cobre.
Con invitados como Javier Milei, Felipe VI y Daniel Noboa, Kast arrancó condenando un ataque a un policía en el sur. ¿Logrará ordenar la casa o se quedará en promesas? Esto pinta más complicado que armar un mueble sin instrucciones.


