José Antonio Kast, el nuevo presidente de Chile, juró ayer en Valparaíso con la solemnidad de un cruzado medieval, convirtiéndose en el líder más derechista desde los tiempos de Pinochet. A 110 km de Santiago, relevó a Gabriel Boric prometiendo un “gobierno de emergencia” que parece sacado de una película distópica.
En el Congreso, rodeado de una mayoría de derecha, Kast, de 60 años, fue recibido con vítores de “¡Chi, chi, chi! ¡Le, le, le! ¡Viva Chile!”. Minutos antes, condenó un ataque a un policía en el sur, dejando claro que la delincuencia y la inmigración irregular son su kryptonite. Su primer acto fue juramentar a 24 ministros, dos de ellos exabogados de Pinochet, cuya dictadura dejó más de 3,200 muertos y desaparecidos. Luego, paseó en un Ford Galaxie negro descapotable, regalo de la reina Isabel II en 1968, saludando bajo un sol implacable como un rockstar conservador.
Por la noche, desde el balcón de La Moneda, con su esposa a un lado y una plaza llena de seguidores, Kast soltó que tiene “el alma encendida”. Entre aplausos, lanzó su plan migratorio: barreras físicas en la frontera con Bolivia para frenar indocumentados, como si quisiera revivir el Muro de Berlín. Criticó a Boric por entregarle un país “en peores condiciones”, con finanzas débiles y crimen organizado al alza, aunque Chile sigue siendo seguro con una tasa de homicidios de 5.4 por cada 100,000 habitantes en 2025.
Con mandatarios como Javier Milei y Daniel Noboa presentes, Kast se une al club derechista regional. ¿Logrará ordenar Chile o solo construirá un castillo amurallado? Esto pinta más intenso que un drama de Netflix.


