¡Prepárense para un viaje al Sinaloa de los 70, donde las balas cantaban más fuerte que los mariachis! El 28 de enero de 1976, Lamberto Quintero Payán, supuesto tío de Rafael Caro Quintero, fue emboscado y asesinado en El Salado, Sinaloa, marcando una fecha que aún resuena en la cultura popular. Este narco, ligado a la familia Quintero, cayó en un ataque brutal atribuido a la rivalidad con los Otañez Lafarga, un pleito de clanes que dejó más muertos que un final de telenovela trágica.
La historia cuenta que Lamberto, relajado en la caja de su camioneta frente a un restaurante de la familia de su novia, Glader Margarita Tapia Zazueta, no vio venir las balas. Recibió varios impactos y, aunque lo llevaron a la Clínica Santa María en Culiacán, no sobrevivió. Su muerte desató un infierno: días después, el sepelio de “El Chito” Lafarga, su enemigo, terminó en otra masacre con unas 20 víctimas. Tiroteos en el bulevar Leyva Solano y hasta robos de taxis para llevar heridos pintaron la ciudad de caos total.
El corrido de Paulino Vargas, inmortalizado por Antonio Aguilar, convirtió a Quintero en leyenda. “Un día 28 de enero, cómo me hiere esa fecha”, canta la letra, narrando la emboscada sin mencionar drogas, pero exaltando al capo. Su tumba en Jardines del Humaya, con capilla blanca y casquillos de AR-15 como decoración inicial, es un ícono. Películas como la de Aguilar en 1987 y memes anuales en redes mantienen vivo su mito.
Cada 28 de enero, Sinaloa y más allá recuerdan a Lamberto, un símbolo de la narcocultura. ¿Héroe o villano? Eso lo decides tú, pero su historia sigue sonando más fuerte que un disparo en la sierra.


