
En la Cumbre del Clima (COP30) que arrancó hoy en Belén, Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva soltó un discurso más claro que un lunes sin café: hay que dejar las riñas políticas y enfocarse en el cambio climático. Criticó que rivalidades y conflictos armados drenan recursos que deberían ir a combatir el calentamiento global, mientras fuerzas extremistas fabrican fake news para ganar votos, perpetuando desigualdades y destrozando el medio ambiente.
Lula, con la paciencia de un profesor explicando matemáticas a un adolescente, señaló que la gente no entiende de emisiones o toneladas de carbono, pero sí sufre la contaminación. En su opinión, el cambio climático y la desigualdad son dos caras de la misma moneda rota que divide a ricos y pobres, países desarrollados y en desarrollo. “Sin superar la brecha social, olvidémonos de salvar el planeta”, advirtió en la plenaria de líderes, que se extenderá hasta el 21 de noviembre.
Entre ausencias notables como las de Xi Jinping, Narendra Modi y Donald Trump —quien llamó a la crisis climática una “estafa” y oficializará la salida de EE. UU. del Acuerdo de París en enero—, Lula empujará iniciativas como cuadruplicar combustibles sostenibles para 2035 y proteger la selva tropical. Sin embargo, la financiación no alcanza las metas, y países vulnerables, como las Islas Marshall, reclaman acciones más rápidas mediante su líder Hilda Heine.
A pesar de todo, los líderes en COP30 insisten en la energía limpia y en traducir jerga climática a algo más digerible. ¿Lograrán que el mundo escuche, o seguiremos discutiendo mientras el planeta se asa como pollo al horno? Total de palabras: 265.

