
Imagina a los líderes mundiales como invitados a una fiesta en la jungla donde el dress code es repelente de mosquitos y el catering incluye frutas exóticas, pero la mayoría envía sus disculpas por «compromisos previos» como ver series en casa. Este viernes, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva reveló que solo 57 jefes de Estado y gobierno de 143 países han confirmado asistencia a la cumbre previa a la COP30 de la ONU, programada para el 6 y 7 de noviembre en Belém, una ciudad amazónica más conocida por su humedad que por sus hoteles de lujo. Es una caída respecto a los 75 del año pasado en Azerbaiyán, culpando a los precios astronómicos del hospedaje que hacen que hasta los diplomáticos busquen sofás prestados.
La COP30 principal, del 10 al 21 de noviembre, atraerá a 170 delegaciones de los 197 firmantes de la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático, pero las tensiones geopolíticas y económicas han eclipsado el drama climático, como si el calentamiento global fuera un invitado incómodo en una boda. Líderes de Alemania, Francia, Reino Unido, Países Bajos, Noruega, Colombia, Chile, Cabo Verde y Liberia están en la lista de confirmados, mientras China envía a su viceprimer ministro en lugar de Xi Jinping. Ausentes notables incluyen a los mandatarios de México, Rumania y Austria, este último citando costos prohibitivos como excusa para no sudar en la selva. Estados Unidos, bajo Donald Trump, ni siquiera planea representation tras retirarse del Acuerdo de París, y Argentina, con el escéptico Javier Milei, aún no confirma, quizás debatiendo si el cambio climático es solo una moda pasajera.
El progresista Lula insistió en hospedar el evento en el corazón de la Amazonía, la mayor selva tropical del mundo y víctima estelar del calentamiento, declarando que es una «denuncia en tres dimensiones» contra lo que no debe pasar. Pero Belém, una urbe pobre de 1.4 millones de habitantes con infraestructura hotelera limitada, convierte la logística en un rompecabezas digno de un reality show de supervivencia, esperando a unas 50,000 personas. Incluso la OMS envía a su director general pero reduce personal por «restricciones de viajes», y la Organización Meteorológica Mundial acota su delegación por presupuestos y pedidos de la ONU para mantenerlo pequeño, como si estuvieran racionando millas aéreas.
Al final, esta cumbre parece una cita grupal donde solo llegan los entusiastas, dejando a Lula como el anfitrión solitario con un micrófono y esperanzas verdes. ¿Convencerá a los ausentes de que salvar el planeta vale más que un boleto caro? O quizás el verdadero cambio climático sea en las prioridades de los líderes, prefiriendo sofás cómodos a sillas plegables en la jungla. Solo el tiempo, o un meme viral, lo revelará.

