
¡El Caribe está más movido que un carnaval y no precisamente por la samba! Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, confesó estar “muy preocupado” por el desfile militar de Estados Unidos en esas aguas, cerca de Venezuela. Desde Johannesburgo, tras la cumbre del G20, Lula dijo que planea charlar con Donald Trump sobre este despliegue que lo tiene con los nervios de punta.
EE. UU. mandó al agua el portaaviones más grande del planeta, flanqueado por buques de guerra y aviones de combate, jurando que es una operación antidrogas. Pero Nicolás Maduro, presidente venezolano, no se traga el cuento y denuncia que es una “amenaza” para tumbarlo del poder. Washington hasta soltó un aviso a las aeronaves civiles en espacio venezolano para que vuelen con un ojo abierto, como si estuvieran esquivando drones en una película de espías.
Desde septiembre, las fuerzas yanquis han atacado más de 20 embarcaciones en el Caribe y el Pacífico oriental, dejando un saldo de más de 80 muertos. Según ellos, eran narcotraficantes, aunque pruebas, lo que se dice pruebas, brillan por su ausencia. Encima, acusan a Maduro de ser el cerebro de un cártel “terrorista”, y Trump no cierra la puerta a enviar soldados, como si fuera a montar un reality de invasión.
Lula, que no vio a Trump en la cumbre del G20 porque el estadounidense se quedó en casa alegando diferencias de prioridades, insiste en que este show militar no es un juego inocente. ¿Será que logra calmar las aguas en una llamada con Trump, o seguirá este culebrón caribeño con más giros que una telenovela?

