Emmanuel Macron, el galán de la política francesa, soltó una bomba este lunes desde una base de submarinos en Bretaña: Francia va a engordar su arsenal nuclear como quien se prepara para un buffet apocalíptico. Con el mundo al borde de un meltdown geopolítico, el presidente galo quiere que su disuasión sea más dura que un croissant viejo.
En un discurso que sonó a guion de thriller de espías, Macron habló de un “endurecimiento” del modelo nuclear francés frente a riesgos que podrían cruzar el temido umbral atómico. Desde la costa atlántica, anunció un giro jugoso: más cooperación con aliados europeos como Alemania, Polonia, Países Bajos, Bélgica y Dinamarca. Estos países podrían sumarse a los juegos de guerra nucleares franceses, aunque Macron dejó claro que el botón rojo sigue siendo su juguete exclusivo. Nada de compartir el mando, chicos.
Además, lanzó la idea de una “disuasión avanzada”, colocando activos estratégicos en otros países europeos bajo circunstancias tan vagas que parecen sacadas de un acertijo. Mientras Francia y Gran Bretaña ya tienen sus juguetes nucleares, el resto de Europa suele depender de Estados Unidos como el guardaespaldas transatlántico. Sin embargo, con Trump coqueteando con Rusia en Ucrania y poniendo cara de pocos amigos a los aliados tradicionales, los gobiernos europeos están más nerviosos que un gato en una sala de cohetes.
En resumen, Macron quiere que Francia lidere el club nuclear europeo, pero sin soltar las riendas. ¿Será esto una verdadera defensa continental o solo un alarde de músculo galo frente a un mundo que parece un tablero de Risk en llamas?


