Marco Rubio, el jefe diplomático de Trump, se presenta este miércoles ante el Senado para defender la política venezolana de la administración, tras una maniobra de última hora para evitar que le corten las alas de guerra a Trump. El exsenador de Florida, antes recibido con aplausos unánimes, ahora enfrenta un comité de Relaciones Exteriores menos amigable.
La sesión promete ser un circo de tres pistas. Rubio responderá por primera vez públicamente sobre la operación del 3 de enero para capturar a Nicolás Maduro, un movimiento que dejó a muchos legisladores con la boca abierta y sin invitación al espectáculo. Hace dos semanas, los republicanos de Trump bloquearon por los pelos una resolución que limitaría nuevas acciones militares en Venezuela sin aprobación del Congreso, con el vicepresidente JD Vance desempatando. Rubio, según sus comentarios preparados, insistirá en que no hubo guerra ni ocupación, solo un “plan por etapas” para estabilizar el país, con un guiño de “usaremos fuerza si no cooperan”.
La tensión está más caliente que un asado en Miami. Tanto demócratas como algunos republicanos están hartos de la falta de comunicación sobre la captura de Maduro y recortes a programas de ayuda. El senador demócrata Chris Coons tiene “unas 20 preguntas” y critica que no hubo pruebas de una emergencia de seguridad nacional para justificar actuar sin consultar al Congreso. Hasta el presidente del comité, Jim Risch, reconoce “confusión” sobre los planes, aunque aplaude que Rubio dé la cara.
Mientras Trump suelta que EE. UU. manejará Venezuela por años y lanza amenazas desde Irán hasta Groenlandia, el Congreso reclama su poder constitucional sobre la guerra. ¿Explicará Rubio el guion o seguirá improvisando? Esto pinta más enredado que un culebrón caraqueño.


