En un operativo digno de una película de acción, la Secretaría de Marina, junto con la Armada de México, la SSPC, la FGR, la Defensa Nacional y la Guardia Nacional, le dieron un golpe bajo a la delincuencia organizada al desmantelar laboratorios clandestinos de drogas sintéticas en Durango, Sinaloa y Michoacán. Estos no eran talleres de química escolar, sino auténticas fábricas del mal.
El primer hallazgo fue en Carricitos, Durango, durante un recorrido terrestre que parecía una excursión, pero terminó con el decomiso de 1,150 litros y 695 kilos de precursores químicos. El lugar, más equipado que un set de Breaking Bad, tenía áreas extensas y accesorios para cocinar sustancias prohibidas, todo inhabilitado para que no vuelva a ser la cocina del diablo.
En Sinaloa, en Los Cedros, otro laboratorio cayó con 750 kilos de producto terminado y otra tanda de 1,150 litros y 695 kilos de precursores. Y en Michoacán, en La Escondida, junto con la Seguridad Pública estatal, desmantelaron un tercer sitio con 9,700 litros y 500 kilos de químicos, más equipo que parecía sacado de un laboratorio de ciencias loco. Todo fue destruido, dejando a los narcos sin sus juguetes.
Estos golpes no son solo un “te pillamos” a los delincuentes, sino un freno a que estas sustancias lleguen a las calles, donde harían más daño que un spoiler de tu serie favorita. El Gabinete de Seguridad promete seguir cazando estas zonas de producción como si fueran chefs frustrados arruinando recetas peligrosas. ¿Será este el fin de las narco-cocinas o solo un episodio más en esta saga? El tiempo, y los operativos, lo dirán.


