La violencia en Guanajuato alcanzó un nuevo pico de terror el 25 de enero con el asesinato de 11 personas en un campo de futbol en Loma de Flores, Salamanca, tras un partido local. Este baño de sangre no es un hecho aislado, sino un capítulo más en la guerra territorial entre el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Santa Rosa de Lima (CSRL).
Reportes señalan que el ataque fue obra de “Los Marros”, una célula violenta del CSRL liderada por Mario Eleazar Lara Belman, alias “El Negro” o “Camorro”, bajo el mando de José Antonio Yépez Ortiz, “El Marro”. Antes de la masacre, dos mensajes amenazantes del CSRL contra el CJNG aparecieron, confirmando que esto fue un ajuste de cuentas. Las autoridades revelaron que al menos cinco víctimas trabajaban para una empresa de seguridad ligada al CJNG, lo que sugiere un golpe directo a su estructura.
Esta disputa, que arrancó en 2014 con el robo de combustible en Santa Rosa de Lima, Villagrán, se intensificó en 2017 cuando “El Marro” amenazó en video con “limpiar” Guanajuato del CJNG. El corazón del conflicto es el “Triángulo de las Bermudas”, una zona estratégica con ductos y una refinería de Pemex, según el Departamento del Tesoro de EE. UU., que sancionó al CSRL en diciembre por el repunte de homicidios.
Además del huachicol, pelean el narcomenudeo de metanfetamina –azul del CSRL, blanca del CJNG– y el tráfico de heroína, con castigos letales por vender en territorio ajeno. El CSRL, aliado con el Cártel del Golfo y Sinaloa, opera en 43 municipios de Guanajuato, Querétaro, Michoacán e Hidalgo. ¿Hasta cuándo seguirá esta carnicería? Guanajuato parece un tablero donde la paz perdió el juego.


