Un ciudadano mexicano ha perdido la vida mientras estaba bajo la custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU. en el Centro de Procesamiento de Adelanto, California. La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) de México ha encendido las alarmas y exige una investigación tan exhaustiva que parece que van a desarmar el lugar ladrillo por ladrillo.
La cancillería mexicana no se anda con rodeos: quieren saber qué pasó, quién es responsable y cómo evitar que esto se repita. Han prometido no dejar piedra sin remover, y el Consulado en San Bernardino ya está en modo detective, solicitando expedientes médicos, reportes de custodia y hasta el menú del día en ese centro. Todo para reconstruir las circunstancias de esta tragedia que tiene más preguntas que un episodio de true crime en Netflix.
Mientras tanto, el personal consular está apoyando a la familia del fallecido, ayudando con trámites legales y la posible repatriación de los restos. La SRE también ha puesto el ojo en las condiciones de otros mexicanos detenidos en instalaciones migratorias de EE. UU., porque, al parecer, no es la primera vez que algo huele mal en estos lugares. El Gobierno de México insiste en que proteger los derechos humanos de sus ciudadanos en el exterior es su misión principal, aunque lidiar con estas situaciones sea más complicado que armar un mueble de IKEA sin instrucciones.
Así que, mientras México presiona por respuestas, EE. UU. tendrá que explicar cómo un centro de detención se convirtió en el último lugar de alguien. Esto pinta más turbio que un reality show de bajo presupuesto.


