La reforma judicial de 2024 tiró a la basura décadas de designaciones a puerta cerrada y ahora jueces, magistrados y ministros se eligen en urnas, como si fueran regidores. AMLO la empujó en sus últimos días de gobierno cual mesero apurado, Claudia Sheinbaum la ejecutó en 2025 y el resultado fue tan exitoso que Morena ya quiere ponerle freno. Resulta que salieron electos «candidatos no aptos» —léase: gente que apenas sabe dónde queda un juzgado— y las empresas e inversores salieron corriendo como si México fuera reality show de terror. Ahora Javier Corral y Alfonso Ramírez Cuéllar proponen restituir exámenes y endurecer requisitos, porque al parecer elegir jueces por popularidad en TikTok no fue la mejor idea.
Mientras tanto, el gobierno federal colecciona planes como si fueran Pokémon. Primero fue el «Plan A» en 2022, que proponía crear el INEC y desaparecer al INE, pero no pasó ni la prueba de fuego en Diputados. Llegó el «Plan B» en 2023, aprobado con 70 votos a favor y acusaciones de vicios procesales que la SCJN revisó con lupa. Luego el «Plan C» arrancó las elecciones judiciales, y ahora Sheinbaum presenta el «Plan D»: recortar presupuesto al INE, podar el financiamiento a partidos y eliminar a los plurinominales, esos diputados que nadie votó pero igual cobran.
El «Plan D» es la cereza del pastel: austeridad electoral con machete. Sheinbaum promete ahorrar millones mientras los partidos lloran y el INE calcula cuántos celulares deberá vender para sobrevivir. México ahora elige jueces en urnas, recorta gastos electorales y elimina pluris. ¿Democracia innovadora o telenovela sin guion? La SCJN aún está revisando, pero todos sabemos que este show tiene más temporadas por venir.


