
¡Arriba las anclas, que esto se pone salado! El 28 de octubre, en la sede de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), Juan Ramón de la Fuente y Raymundo Pedro Morales Ángeles, de la Secretaría de Marina (Semar), se sentaron con el embajador de EE. UU. en México, Ronald Johnson. ¿La misión? Afinar la coordinación marítima entre ambos países, mientras las aguas del Pacífico oriental parecen un set de película de acción.
Esto llega después de que EE. UU. ha estado jugando a los piratas, hundiendo lanchas sospechosas de llevar droga. El último ataque, ese mismo 28 de octubre, dejó un sobreviviente que la Marina mexicana rescató por puro corazón y tratados internacionales, según Claudia Sheinbaum. La presidenta, desde Palacio Nacional, no escondió su molestia: “No estamos de acuerdo con estos ataques”, dijo, con tono de quien regaña a un vecino por hacer ruido. Hasta el 26 de octubre, se reportan 10 embarcaciones hundidas y 43 personas fallecidas por estas acciones gringas.
Sheinbaum ordenó esta reunión para poner las cartas sobre la mesa, exigiendo respeto a la soberanía nacional y cooperación sin dramas. Los funcionarios de ambos lados coincidieron en priorizar la vida en el mar, aunque parece que definir “cooperación” es tan fácil como atrapar un pez con las manos. De la Fuente remató con un mensaje claro: “México coopera, pero no se arrodilla ante nadie. Somos responsables, no subordinados”.
Así que, mientras las olas chocan y los titulares se calientan, queda ver si esta diplomacia calma las aguas o si seguiremos viendo más batallas navales que en un videojuego. ¡Ajusten los salvavidas, que esto apenas empieza!

