Michoacán parece el set de una película de acción con giros inesperados. La Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción (FECC) vinculó a proceso a Luis Antonio “N”, exdirector de Licencias y Giros Mercantiles de Uruapan, por ejercicio ilícito del servicio público y cohecho. Este genio usó su cargo en 2022 para cobrar licencias de giros rojos bajo la mesa, clonando documentos y embolsándose 691 mil 472 pesos que nunca llegaron a la Tesorería Municipal. Pedía efectivo directo a los solicitantes, como si fuera un cajero automático humano. La FECC juntó pruebas, lo llevó ante un juez de control, y ahora enfrenta medidas cautelares mientras cierran la investigación en dos meses.
Pero eso no es todo en este thriller michoacano. El 10 de diciembre, el Partido del Trabajo (PT) confirmó la trágica muerte de Agustín Solorio Martínez, su coordinador en Apatzingán, desaparecido desde el 5 de diciembre en Morelia. El partido condenó el hecho en redes, mientras la diputada Sandra Olimpia Garibay lamentó en el Congreso la inseguridad en Tierra Caliente, exigiendo reforzar la estrategia de seguridad tras el hallazgo del cuerpo.
Y como si faltara drama, Omar García Harfuch, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, reveló avances sobre un coche bomba que explotó el 6 de diciembre en Coahuayana, dejando cinco muertos. La Fiscalía General de la República atrajo el caso, abriendo nuevas líneas de investigación y peritajes. Según Harfuch, no fue un auto abandonado, sino que dos personas llegaron, se estacionaron y ¡boom! El fiscal Carlos Torres Piña señaló que la camioneta venía de Colima.
Michoacán está que arde, entre funcionarios tramposos, desapariciones fatales y explosiones de película. ¿Qué sigue, un guion para Netflix o un plan serio para calmar este caos?


