Trabajadores de la mina Camino Rojo en Zacatecas denunciaron amenazas del crimen organizado y tocaron todas las puertas oficiales pidiendo ayuda. Resultado: cero respuestas, muchas excusas y un proceso laboral más turbio que pozo minero sin luz. Según investigación de La Jornada, integrantes de la sección 335 del Sindicato Nacional Minero solicitaron desde noviembre de 2024 que SEDENA y SEMAR garantizaran seguridad durante el recuento para definir la titularidad del contrato colectivo de trabajo. Querían votar «sin violencia y sin que intervengan delincuentes del narcotráfico», petición razonable si consideramos que no estaban organizando quinceañera sino defendiendo empleos.
Las autoridades federales brillaron por su ausencia. El tribunal laboral pidió a Seguridad Pública estatal enviar 10 elementos para resguardar la votación del 22 de noviembre. La dependencia respondió con el clásico «no tenemos gente suficiente», dejando a los mineros más desprotegidos que piñata en fiesta infantil.
Pese a irregularidades, tribunales federales y el Centro Federal de Conciliación ratificaron la titularidad del contrato a favor del Sindicato Nacional Minero de Napoleón Gómez Urrutia. Pero Orla Mining, empresa canadiense operadora, se niega a reconocer el resultado como adolescente negando responsabilidad.
El panel del Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida del T-MEC reconoció que aunque el día del recuento hubo voto libre, meses de amenazas crearon «efecto disuasivo» que favoreció al sindicato patronal Beneficio de Minas. La propia Orla Mining admitió no tener capacidad para enfrentar infiltración criminal, básicamente confesando que sus políticas de seguridad son decorativas.
El Sindicato presentó videos, fotos y testimonios de presuntos delincuentes dentro de instalaciones mineras ante la STPS, que respondió «es asunto penal, no laboral», pasando la papa caliente como en juego infantil. Jaime Alberto Pulido León, del comité local, sobrevivió atentado cuando individuo armado intentó ingresar a su casa. Caso denunciado hasta en Vancouver, Canadá, porque al parecer los mineros tienen mejor recepción internacional que nacional.


