María Estela Ríos, ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, reconoció el 8 de abril la existencia de persecución política en México durante sesión pública, comentario espontáneo que nadie anticipó y ella misma no ha vuelto a mencionar públicamente. «Sí me deja en duda porque es cómo manejamos equilibrio entre derecho de personas a no ser juzgadas en cualquier momento y no sea usado para persecución política, porque también se da en nuestro país, ¿no? Ni modo, así es», declaró, admitiendo realidad incómoda con naturalidad de quien suelta secreto familiar en cena navideña.
La ministra exponía sobre prescripción del peculado cuando soltó bomba verbal, argumentando dilema entre evitar persecución política y garantizar que delitos no queden impunes. Ríos señaló elementos probados sobre disposición de dineros públicos y omisión en pago de salarios, destacando que privar a trabajadores de salario es «igualmente grave que privarlos de derecho a salud». La ministra confesó dudas sobre declarar delito imprescriptible, mostrando honestidad intelectual que contrasta con certezas absolutas típicas de discursos oficiales.
Ríos compartió análisis de ministras Lenia Batres y Yasmín Esquivel sobre facultades para fijar plazos de prescripción, debate concentrado en artículo 14 constitucional que establece mínimo de tres años sin límite superior. Después soltó comentario sobre persecución política, presumiblemente sin calcular repercusiones mediáticas posteriores.
La ministra tiene historial polémico: en marzo afirmó que personas nacidas in vitro no forman parte de familia, comentario que generó escándalo instantáneo. Ahora admite persecución política. SCJN tiene ministra sincera; México tiene verdad judicial incómoda confirmada.


