La Organización Miss Universo (MUO) anunció que empaca maletas y se muda de la Ciudad de México a Nueva York de inmediato, regresando a su hogar histórico. La decisión, firmada por Raúl Rocha Cantú, dueño del 50% de la marca, llega en medio de un huracán de escándalos legales que lo persiguen como paparazzi.
En un comunicado, MUO justificó el traslado tras una “evaluación exhaustiva” del panorama en México, que consideran un campo minado. Rocha Cantú señaló “incertidumbre jurídica, problemas de seguridad y ataques infundados con motivaciones políticas” como las razones para largarse. Traducción: el ambiente está más caliente que un certamen en traje de baño. Nueva York, donde el concurso operó por décadas, promete ser un refugio para reorganizar el caos.
El timing no es casualidad. La Unidad de Inteligencia Financiera acaba de congelar las cuentas de Rocha Cantú por presuntos nexos con delincuencia organizada, incluyendo narcotráfico, huachicol y tráfico de armas. La Fiscalía General de la República lo tiene como testigo colaborador en un expediente que lo vincula con 12 cómplices y redes de contrabando. Su historial no ayuda: desde el trágico ataque al Casino Royale en 2011, que dejó 52 muertos, hasta acusaciones de manipulación en certámenes y conflictos de interés con Pemex, su nombre es sinónimo de polémica.
Mientras, Anne Jakrajutatip, copropietaria tailandesa, también enfrenta líos legales en su país. ¿Será Nueva York un nuevo comienzo para MUO o solo un cambio de escenario para el mismo drama? Rocha guarda silencio sobre su situación, pero este éxodo pinta como un intento de coronar distancia con los problemas. El certamen, más que nunca, parece un reality de intrigas.


