Narcoestética: Cuando el bling-bling se vuelve un estilo de vida criminal

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¡Brillo por encima de todo! La “narcoestética”, nacida en Colombia y arraigada en México desde 2006 con la “guerra contra el narco” de Felipe Calderón, convierte a los capos en ídolos de Instagram avant la lettre. Este fenómeno cultural no busca buen gusto, sino gritar “¡Soy rico!” con cada diamante y carro europeo.

Lucía Elena Acosta Ugalde, de la FES Acatlán, explica que los narcotraficantes usan la ostentación como un megáfono de poder. No coleccionan por pasión, sino para presumir autoridad ante rivales y sociedad. ¿Resultado? Muchos, hartos de políticos, ven a estos delincuentes como héroes del asfalto. Desde la camisa polo de “La Barbie” que se agotó tras su captura, hasta la pistola de “El Chapo” con oro y diamantes valorada en 5.5 millones de pesos, la narcoestética es un desfile de excesos. Casas con picaportes dorados, piscinas incrustadas de joyas y zoológicos privados son el pan de cada día.

Ni la muerte los detiene: en Culiacán, los mausoleos de Jardines del Humaya tienen wifi y aire acondicionado, como si el más allá necesitara streaming. Héctor “El Güero” Palma lo resumió perfecto: “Más vale vivir cinco años como rey que 20 como güey”. Este mindset seduce a jóvenes sin oportunidades, quienes ven en el narco un atajo a la vida de lujo. Series como “La reina del sur” y “Narcos” no ayudan, pintando a los capos como rockstars.

Acosta Ugalde advierte que esta obsesión por el exceso borra la línea entre asombro y admiración, anclándose en el imaginario colectivo. ¿Seguiremos aplaudiendo pistolas de diamantes o buscaremos ídolos menos… explosivos?

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