
Una neblina más densa que un guion de misterio ha puesto en jaque a los aeropuertos mexicanos. Este martes 11 de noviembre, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) suspendió temporalmente operaciones por baja visibilidad, según Viva Aerobus, causando retrasos y afectaciones en vuelos nacionales. Similar drama vivió el Aeropuerto Internacional de Tijuana desde el domingo 9, con 34 cancelaciones y 29 retrasos reportados por el Grupo Aeroportuario del Pacífico (GAP), también por niebla.
Las aerolíneas y autoridades instan a los pasajeros a checar el estatus de sus vuelos antes de salir, usando páginas web o notificaciones por correo. Porque, seamos sinceros, nadie quiere llegar al aeropuerto solo para descubrir que su vuelo está más perdido que un calcetín en la lavadora. Además, el AIFA ya enfrentaba problemas previos, con la suspensión de rutas a Houston y McAllen por el Departamento de Transporte de EE. UU., que revocó 13 rutas mexicanas por incumplimientos en un acuerdo bilateral de 2015, afectando también a Volaris y VivaAerobus en destinos como Chicago y Miami.
La Ley de Aviación Civil obliga a las aerolíneas a informar causas de retrasos y ofrecer compensaciones: descuentos o alimentos por demoras de 1-2 horas, un mínimo del 7.5% del boleto por 2-4 horas, y reintegro más indemnización del 25% si superan las 4 horas o se cancela, junto con transporte sustituto y alojamiento si aplica. Profeco tiene módulos en aeropuertos para reclamos.
Mientras la neblina no levante, los pasajeros solo pueden esperar, cruzar los dedos y tal vez practicar yoga para no perder la calma. ¿Clima o karma? El cielo decide.

