Benjamin Netanyahu tiene una cita importante en Washington la próxima semana con Donald Trump, y el tema estrella será Irán y sus actividades nucleares. En una rueda de prensa en Jerusalén junto al primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, y el presidente chipriota, Nikos Christodoulides, Netanyahu reveló que Israel está al tanto de recientes “ejercicios” iraníes, aunque se guardó los detalles como si fueran un secreto de estado.
Medios estatales iraníes informaron el lunes que Teherán realizó ejercicios con misiles en varias ciudades, el segundo en un mes, algo que pone nerviosas a las potencias occidentales. Ven el arsenal balístico de Irán como una amenaza para Oriente Medio y un posible vehículo para armas nucleares, aunque Irán jura que no tiene planes de construir bombas atómicas. Netanyahu, pese a los “grandes logros” de una guerra de 12 días con Irán en junio, insiste en que las expectativas de Israel y EE. UU. no han cambiado: quieren que Irán baje el nivel de enriquecimiento de uranio.
“Obviamente será un punto en nuestras discusiones”, dijo sobre su reunión con Trump, aunque aclaró que no busca confrontación, sino “estabilidad, prosperidad y paz”. Como si eso fuera fácil en esa región. También planea abordar con Trump la siguiente fase de su plan para Gaza y cómo lidiar con los militantes de Hezbolá en Líbano, porque, claro, no hay suficientes fuegos que apagar.
Esto suena más a una partida de ajedrez geopolítico que a una charla de café. Con misiles volando y uranio en la mesa, la reunión promete más tensión que un thriller de espionaje. ¿Lograrán Netanyahu y Trump encontrar un camino a la paz o solo añadirán más leña al fuego? Esto está más cargado que un cohete listo para despegar.


