¡Tranquilos, antivacunas del mundo! La OMS salió este jueves a apagar el fuego de las teorías conspirativas con un nuevo análisis que grita a los cuatro vientos: las vacunas no causan autismo. Tedros Adhanom Ghebreyesus, el jefe de la organización, lo dejó claro en Ginebra, como un profesor regañando a los que no hicieron la tarea.
El Comité Consultivo Mundial para la Seguridad de las Vacunas revisó 31 estudios de varios países, publicados entre 2010 y 2025, buscando cualquier vínculo entre el autismo y vacunas usadas en infancia o embarazo, incluyendo las que contienen thiomersal o aluminio. ¿Resultado? Cero, nada, niet. Tedros recalcó que este es el cuarto análisis desde 2002, y todos dicen lo mismo: las vacunas no son la causa de autismo, pero sí salvan vidas. De hecho, en 25 años, la mortalidad infantil bajó de 11 millones a 4.8 millones anuales, y las vacunas son las estrellas del show.
Sin embargo, la cosa se pone más picante que un debate en redes sociales. Mientras la OMS saca datos duros, la principal agencia sanitaria de EE. UU., el CDC, ahora promueve una teoría contraria, impulsada por Robert Kennedy Jr., ministro de Salud de Trump. Esta idea resucita un estudio falsificado de 1998 sobre la vacuna ROR (sarampión, paperas, rubéola) que fue desmentido mil veces.
Así que, mientras unos ven agujas y conspiraciones, la OMS insiste: las vacunas no son un complot para cambiar personalidades. ¿Seguirán los rumores o ganará la ciencia? Esto está más enredado que un grupo de WhatsApp de mamás antivacunas.


