La ONU está jugando a ser mediador en un drama petrolero digno de telenovela, negociando con Estados Unidos para que deje entrar combustible a Cuba con «fines humanitarios». Francisco Pichón, representante de Naciones Unidas en La Habana, soltó la exclusiva a AFP este lunes, mientras el bloqueo de facto de Washington tiene a la isla más seca que un desierto.
Pichón explicó que la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios está en charlas con el gobierno yanqui para conseguir carburante, no para fiestas, sino para operaciones de emergencia y servicios vitales en centros de atención a los más vulnerables. Pero la cosa está tan apretada que el acceso de las agencias de la ONU al combustible está «muy racionado». Las visitas al terreno son casi un lujo, los fletes escasean y los precios se han disparado como cohetes. «Mover cosas desde La Habana a las provincias es como planear un viaje a Marte», admitió Pichón, señalando problemas hasta para sacar carga de puertos y aeropuertos.
La crisis energética en Cuba, con sus 9.6 millones de habitantes, se puso peor tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en enero, cortando de golpe los envíos de combustible desde Venezuela, su proveedor estrella por 25 años. EE. UU. justifica su presión máxima alegando que la isla, a solo 150 km de Florida, es una «amenaza excepcional». Mientras, el gobierno cubano aplica medidas de emergencia, restringiendo la venta de gasolina como si fuera oro líquido.
¿Logrará la ONU este milagro logístico o se quedará varada en la burocracia? Esto está más tenso que un reality de supervivencia sin provisiones.


