El asesinato del líder supremo iraní Alí Jamenei el sábado, confirmado por ataques de EE. UU. e Israel, desató un torbellino de violencia e incertidumbre en Oriente Medio. Israel lanzó el domingo nuevos bombardeos contra Teherán, mientras Irán respondió con misiles, sumiendo a la región en un caos que sacude desde el transporte marítimo hasta los precios del petróleo. Donald Trump afirmó que el objetivo es evitar que Irán tenga armas nucleares y eliminar amenazas a sus aliados, con más de 1,000 objetivos iraníes atacados, según el Comando Central.
Trump, en entrevistas con Atlantic y Daily Mail, estimó cuatro semanas más de campaña militar y dijo que líderes iraníes quieren hablar con él, aunque no aclaró objetivos a largo plazo para un Irán en vacío de poder. Con tres bajas estadounidenses confirmadas, el riesgo político para Trump crece, ya que solo uno de cada cuatro estadounidenses aprueba la operación, según Reuters/Ipsos. El cierre del estrecho de Ormuz, vital para el 20% del crudo mundial, dispara los costos energéticos, mientras aeropuertos como Dubái permanecen clausurados, causando la mayor disrupción aérea en años.
Israel busca colapsar el régimen iraní y asegura tener superioridad aérea sobre Teherán, atacando centros de inteligencia y comando. Irán, bajo un consejo provisional liderado por el presidente Masoud Pezeshkian, atacó petroleros y bases en el Golfo, mientras su ministro Abbas Araqchi dice estar listo para seguir peleando. Nueve murieron en Beit Shemesh, Israel, por misiles iraníes; otras víctimas se reportan en Emiratos y Kuwait.
Trump presume de destruir nueve buques iraníes y promete más, pero la división en Irán y protestas en Pakistán e Irak contra EE. UU. muestran que esto está lejos de terminar. Es un juego de alto riesgo donde nadie sabe quién ganará.


