Panamá no está para juegos y ha puesto cara seria tras el escándalo de un petrolero interceptado por EE. UU. El canciller Javier Martínez-Acha señaló que el buque, navegando bajo bandera panameña, violó las normas marítimas del país al desconectar su instrumento de localización mientras salía de aguas venezolanas cargado de crudo. ¡Eso es jugar al escondite en alta mar!
El superpetrolero Centuries, detenido por la Guardia Costera estadounidense el sábado tras zarpar de Venezuela, es el protagonista de esta telenovela náutica. Martínez-Acha aseguró que Panamá tomará “las medidas correspondientes”, aunque se guardó los detalles como si fueran un tesoro pirata. En teoría, un país que presta su bandera puede cancelar la matrícula de un buque si una investigación confirma que incumplió las reglas marítimas, algo así como quitarle las llaves a un conductor imprudente.
Este incidente pone a Panamá en una posición incómoda, como un padre regañando a un hijo rebelde que anda haciendo travesuras con petróleo venezolano. La bandera panameña, conocida por ondear en incontables barcos alrededor del mundo, no debería ser un pase libre para apagar el GPS y jugar al fantasma en el Caribe.
Mientras EE. UU. sigue su cruzada contra los buques sancionados, Panamá parece decidido a no quedar como el cómplice despistado de la película. ¿Qué medidas tomarán? ¿Una multa, un regaño o sacar al Centuries del registro como si nunca hubiera existido? Esto tiene más intriga que un mapa del tesoro perdido. Solo queda esperar si Panamá zarpa con mano dura o se queda anclado en promesas vacías.


