
¡Drama internacional en el menú! Perú está a punto de decidir si le da un salvoconducto a Betssy Chávez, exprimera ministra y última compinche del destituido Pedro Castillo, quien se refugia en la embajada de México en Lima como si fuera una fortaleza en un juego de rol. El canciller Hugo de Zela promete una “decisión de Estado” esta semana, tras un análisis de juristas que parece más lento que descargar un PDF en internet de los 90.
Chávez, acusada de conspiración y de participar en el fallido intento de Castillo de disolver el Congreso, enfrenta una posible condena de 25 años. México, que ya acoge a la familia de Castillo desde 2022, le otorgó asilo diplomático bajo la Convención de Caracas de 1954, lo que hizo que Perú rompiera relaciones el lunes, calificando el gesto de “acto inamistoso”. De Zela insiste en que no quieren intromisiones, mientras afina maletas para la cumbre CELAC-UE en Colombia el 8 de noviembre.
El nuevo presidente interino de Perú, José Jerí, asumió tras la destitución de Dina Boluarte, en un ambiente más tenso que un reality show. Mientras, Perú y México, socios en la Alianza del Pacífico junto a Chile y Colombia, intentan que este pleito no afecte el comercio bilateral, que el año pasado alcanzó 2,507 millones de dólares, con ventaja para México. De Zela jura que harán malabares para que el turismo y los asuntos consulares no sufran.
En fin, ¿le darán a Chávez su pase VIP o la dejarán en el limbo diplomático? Perú juega al ajedrez político mientras todos miramos con palomitas.

