
¡Atención, amantes de los números! El peso mexicano mostró una depreciación marginal del 0.19%, pasando de 18.38 a 18.42 por dólar, moviéndose en un rango estrecho entre 18.36 y 18.46. Este ajuste, más técnico que tendencia, no altera su fase de consolidación cerca de máximos anuales, respaldado por flujos de carry trade, estabilidad externa y menor percepción de riesgo político. Mientras tanto, el índice bursátil nacional avanzó un 1.55%, impulsado por la tregua arancelaria con EE. UU. y un clima político más amigable, avivando el apetito por riesgo local.
En los últimos siete días, la volatilidad del peso fue menor que la del último año, reflejando un periodo de mayor estabilidad, con dos sesiones consecutivas en positivo. Sin embargo, la jornada trajo datos preocupantes: la tasa de desempleo subió a 3.0% en septiembre, la más alta en 13 meses, señalando una desaceleración laboral que podría frenar el consumo interno. Además, un déficit comercial de 2,400 millones de dólares incrementó la demanda de divisas para importaciones y pagos externos.
El 2024 fue un año de altibajos para el peso. Arrancó como “superpeso” con el dólar a 16 pesos, un nivel no visto en casi una década, pero decisiones políticas como la Reforma al Poder Judicial y la eliminación de órganos autónomos, sumadas a la victoria de Donald Trump y sus amenazas de aranceles, lo depreciaron hasta los 20 pesos, superando las expectativas del Banco de México (Banxico). Para 2025, Banxico proyecta un dólar entre 20.24 y 20.69 pesos, cauto ante las posibles políticas de Trump.
La inflación en 2024 rondó el 4%, con un pico cercano al 6% en junio (INEGI), y se espera que baje a 3.8% este año. El PIB, sin embargo, solo crecería un 1.2%. El peso, decimoquinta moneda más negociada globalmente y líder en América Latina, sigue en la lucha. ¡A seguir el tipo de cambio, que esto tiene más giros que un carrusel!

