¡Escándalo en el trópico! El presidente de Colombia, Gustavo Petro, salió el viernes a desmentir con vehemencia rumores de nexos con el narcotráfico, negando haber recibido un solo peso de la mafia para sus campañas. Es como si le dijeran que bailó salsa con un capo y él jurara que ni sabe el paso básico.
Todo estalló tras un reporte de The New York Times, que reveló que Petro está bajo la lupa de dos fiscalías federales de Estados Unidos, con apoyo de la DEA y el HSI, enfocados en el tráfico internacional de drogas. Una fuente confirmó a Reuters esta investigación, poniendo el nombre del mandatario en un titular más caliente que un café recién colado. Los rumores sugieren que hay ojos gringos revisando cada movimiento, como si Petro fuera el villano de una serie de Netflix.
Pero el presidente no se quedó callado. En su cuenta de X, Petro soltó que jamás ha cruzado palabra con un narcotraficante en su vida, y que siempre ordenó a sus gerentes de campaña rechazar donaciones tanto de banqueros como de capos. Es como poner un cartel de “prohibido el paso” a los billetes sospechosos, aunque en política eso suena más difícil que encontrar Wi-Fi en la selva.
Este culebrón tiene a todos pegados al drama. ¿Será Petro un blanco fácil para teorías de conspiración o hay algo más en el fondo de esta olla? Mientras las fiscalías estadounidenses afilan sus lupas, Colombia observa como si fuera el capítulo final de una telenovela. ¿Verdad o montaje? Solo el tiempo, y tal vez la DEA, lo dirán.


