¡Agárrense los bolsillos, que viene el recorte! La reforma electoral “Plan B” de la presidenta Claudia Sheinbaum aterrizó este 17 de marzo en el Senado de la República, prometiendo una transformación política tan drástica que parece un reality show de renovación extrema. El objetivo: reducir el gasto público y poner a dieta presupuestal a congresos, ayuntamientos y municipios.
Laura Itzel Castillo, presidenta del Senado, compartió en redes que la iniciativa ya está en manos de las Comisiones Unidas de Estudios Legislativos y Puntos Constitucionales para un análisis más detallado que un escrutinio de Tinder. Castillo apuesta por consensos con aliados como el Partido Verde y el Partido del Trabajo, insistiendo en que esta lucha por la equidad y los ahorros es más antigua que un chiste de Cantinflas. La meta es que el presupuesto beneficie al pueblo, no a las cuentas de gastos de los políticos.
Ignacio Mier Velazco, líder de Morena en la Junta de Coordinación Política, aclaró que no habrá “fast track” para esta reforma. Nada de prisas tipo pedido de comida rápida; el proceso será ordinario, con debates incluyentes y respetando la austeridad republicana, el federalismo y la autonomía de los estados. Citó ejemplos de ajustes en Yucatán, Tabasco, Veracruz y el Estado de México como inspiración para este tijeretazo municipal.
El plan, si las comisiones lo aprueban, podría votarse en el Pleno antes de Semana Santa, según Mier. ¿Será este el milagro de austeridad que México esperaba o solo un recorte más dramático que un final de telenovela? Habrá que verlo, pero por ahora, los políticos ya están sudando más que en un gimnasio sin aire acondicionado.


