¡Jugada a medias! Portugal autorizó este miércoles a Estados Unidos usar una base aérea en las Azores para operaciones contra Irán, pero con un “sí, pero no” que parece sacado de un manual de diplomacia evasiva. El primer ministro Luís Montenegro lo justificó ante el Parlamento con condiciones más estrictas que un contrato de telefonía.
Montenegro aclaró que el permiso es “condicional”: las operaciones deben ser defensivas o de represalia, necesarias, proporcionadas y dirigidas solo a blancos militares. “Esto cumple con el derecho internacional”, insistió el líder conservador, esquivando con maestría las preguntas de la oposición socialista sobre si apoya o rechaza los bombardeos contra Irán. “Portugal no participó ni suscribió esta acción militar”, dijo, aunque rápido añadió que su relación con EE. UU., su aliado, es mucho más cercana que con Teherán. ¿Neutralidad o guiño discreto?
Tampoco se mojó sobre la postura de España, amenazada por Donald Trump con represalias por negar el uso de sus bases, a diferencia de Francia con Emmanuel Macron o el portugués António Costa en el Consejo Europeo. Montenegro caminó por la cuerda floja, evitando respaldar o criticar a sus vecinos socialistas. Parece que prefiere ser el amigo que no toma partido en una discusión de bar.
¿Apoyo táctico o simple postureo diplomático? Portugal juega a ser el mediador que presta la casa, pero solo si la fiesta no se desmadra. Con condiciones tan específicas, esto tiene más intriga que una partida de ajedrez internacional. ¿Será suficiente para mantener la paz con Trump sin enfadar a medio mundo?


