
Vladimir Putin ha soltado una bomba verbal desde Kirguistán, declarando que Rusia detendrá los combates en Ucrania si Kiev se retira de los territorios que Moscú reclama como suyos. “Si se van por las buenas, paramos; si no, los sacamos a empujones militares”, dijo con la sutileza de un tanque en una tienda de porcelana durante una conferencia de prensa.
El líder ruso no aclaró exactamente qué pedazos de tierra quiere, pero el Kremlin ya tiene bajo su bota partes de Donetsk y Lugansk en el este, y trozos de Jersón y Zaporiyia en el sur. Desde que arrancó la ofensiva en febrero de 2022, Rusia se autoproclamó dueña de estas cuatro regiones en septiembre de ese año, aunque no controla todo el pastel. Y no olvidemos que Crimea fue anexada en 2014, como quien agrega un trofeo más a la vitrina.
Este culebrón territorial no es nuevo. Un plan original de 28 puntos, propuesto por Estados Unidos, incluía ceder Donetsk y Lugansk a Rusia, pero fue criticado por parecer un regalo envuelto con moño para Moscú. Tras negociaciones con Ucrania, el borrador se ajustó, aunque ceder terreno sigue siendo el elefante en la sala de diálogo tras casi cuatro años de conflicto. Mientras tanto, el emisario gringo Steve Witkoff planea volar a Moscú la próxima semana para charlar sobre este embrollo con las autoridades rusas.
La pregunta del millón es si Ucrania aceptará hacer las maletas o si esto seguirá siendo un tira y afloja más largo que un partido de ajedrez interminable. Por ahora, Putin parece listo para mover ficha, y no precisamente con flores y chocolates.

