Quique lleva 30 años salvando a gente en la calle mientras el gobierno practica indiferencia olímpica

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En México, vivir en la calle no es elección sino resultado de fallas acumuladas tipo Jenga humano. Lo dice Enrique «Quique» Hernández, director de El Caracol A.C., quien lleva tres décadas ayudando a personas en situación de calle en CDMX. Su advertencia es clara: «cualquiera puede terminar en la calle», y no lo dice como amenaza sino como diagnóstico brutal de un país donde las redes de apoyo se rompen más fácil que promesas políticas. Desde 1991, Quique abandonó la psicología teórica para meterse de lleno en albergues, donde descubrió que no hay manual académico que explique la vida bajo un puente. Spoiler: 30 años después, los avances institucionales siguen en cero.

El punto de quiebre de Quique fue una noticia sobre niños muertos en Brasil, combinada con fines de semana completos conviviendo en albergues. Ahí entendió que la teoría no alcanza: «No hay psicología suficiente para entender esta realidad». Presenció un incendio en terreno baldío cerca de la Central del Norte, donde vivían personas sin hogar que llegaron al albergue hechas cenizas emocionales. «Cuando tienes familia, hay respaldo. Ellos no tienen a nadie», explica. El problema no es individual: es falla familiar, social e institucional simultánea. Además, el estigma los remata: «El juicio del Estado es peor que el social», sentencia.

Quique propone un Sistema Integral de Cuidados y cambiar el enfoque punitivo por responsabilidad ética. Porque mientras unos acceden a rehabilitación con recursos, quienes viven en la calle recaen por falta de acompañamiento. Su mensaje: nadie está exento, y la solución requiere compromiso colectivo, no indiferencia gubernamental disfrazada de política pública.

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