La tensión política está más caliente que un chile relleno en plena canícula. Mañana, en Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum reunirá a los pesos pesados del Congreso, incluyendo al diputado Ricardo Monreal, para discutir la reforma electoral. Será como un reality show, pero con menos drama y más PowerPoint, donde presentarán conclusiones de foros recientes y definirán el calendario de esta iniciativa que promete más giros que una telenovela.
Monreal, con el entusiasmo de un niño en dulcería, confirmó que Sheinbaum invitó a los coordinadores de la mayoría parlamentaria a este cónclave privado. La Comisión Presidencial sobre la Reforma Electoral expondrá propuestas y plazos, mientras todos fingen tomar notas importantes. Según Monreal, este encuentro es “clave”, como si fuera la final de un Mundial, pero con menos goles y más discursos. El objetivo: trazar el camino legislativo sin que nadie salga llorando.
El diputado también aclaró que el Congreso de la Unión es el único que puede cambiar las reglas electorales, no importa cuánto griten desde la tribuna externa. Frente a las declaraciones de Pablo Gómez, quien básicamente dijo “gracias por sus ideas, pero no gracias”, Monreal insistió en que escucharán a partidos y organizaciones cuando sea el momento adecuado, o sea, cuando el café se enfríe.
Además, Monreal fue tajante: sin el apoyo del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT), esta reforma constitucional no tiene futuro. Es como intentar hacer una piñata sin papel maché: simplemente no cuaja. Prometió diálogo con todos los grupos para evitar que esto parezca una imposición, aunque todos sabemos que estas reuniones suelen tener más teatro que consenso. ¿Lograrán acuerdo o será otro episodio de promesas rotas? Esto está más enredado que un cable de audífonos en el bolsillo.


